
A ella misma le costaba recordar aquellos años de instituto, colegiala, interna de un mundo de privaciones, uniformes y de la más severa educación.
Quizás por rebeldía, liberación o simplemente sentirse viva, escapó de aquel tormento siendo una de las más valoradas en aquella institución.
María Dolores de Mencía y Balaguer dejaba atrás su infancia perdida, las visitas de sus "papis los fines y fiestas de guardar, regalos que se acumulaban en el armario sin abrir y la llamada de las 18,30 h. para "saber cómo te va, ¿y tus profes?"...
Una tarde, desgarró su uniforme, se colocó unos jeans, zapatillas de goma, y su anhelada camiseta escodida que un amigo le regaló hacía tiempo, se cortó el pelo, cogió su mochila y se largó.
Casi una adolescente decidida a explorar todo lo que durante años le había sido restringido, subió a un autobús destino donde pueda romper con los cánones establecidos que le tenían cautiva. Sus pupilas brillaban de emoción y miles de sentimientos recorrían cada célula de su cuerpo.
Aquella noche la pasó de "garito en garito", exploró la noche como nunca antes la había conocido, alternó con todo tipo de razas y tribus urbanas que le llevaron de la mano a un mundo de fantasía.
Evadida de responsabilidades, sintió la libertad como es. Descubrió un mundo en el que se sentía plena, llena y libre.
Desde entonces ha pasado un tiempo, ha madurado y con treinta y tantos, aquella dulce y bonita princesita ya tiene una calle que lleva su nombre "El callejón de la Lola".
Quizás por rebeldía, liberación o simplemente sentirse viva, escapó de aquel tormento siendo una de las más valoradas en aquella institución.
María Dolores de Mencía y Balaguer dejaba atrás su infancia perdida, las visitas de sus "papis los fines y fiestas de guardar, regalos que se acumulaban en el armario sin abrir y la llamada de las 18,30 h. para "saber cómo te va, ¿y tus profes?"...
Una tarde, desgarró su uniforme, se colocó unos jeans, zapatillas de goma, y su anhelada camiseta escodida que un amigo le regaló hacía tiempo, se cortó el pelo, cogió su mochila y se largó.
Casi una adolescente decidida a explorar todo lo que durante años le había sido restringido, subió a un autobús destino donde pueda romper con los cánones establecidos que le tenían cautiva. Sus pupilas brillaban de emoción y miles de sentimientos recorrían cada célula de su cuerpo.
Aquella noche la pasó de "garito en garito", exploró la noche como nunca antes la había conocido, alternó con todo tipo de razas y tribus urbanas que le llevaron de la mano a un mundo de fantasía.
Evadida de responsabilidades, sintió la libertad como es. Descubrió un mundo en el que se sentía plena, llena y libre.
Desde entonces ha pasado un tiempo, ha madurado y con treinta y tantos, aquella dulce y bonita princesita ya tiene una calle que lleva su nombre "El callejón de la Lola".

6 comentarios:
Bendita libertad!!! No me extraña que se largara de ahí, tenía que sentir cómo su espíritu se ahogaba poco a poco...Menos mal que hizo caso a sus instintos y rompió sus ataduras esclavizantes!!!
Maravillosa historia; besos.
El eterno deseo de vivir TU vida y el sueño de poder conseguirlo, debería haber más Lolas...
Un beso.
Hola fly, lindo escrito, como siempre digo Sentimientos y Libertad.
Un abrazo.
Maite
La vida es más hermosa, cuando estás en tu hábita, con tus amigos,tus costumbres, tus gustos,
pero sin egoismos y mucha sencillez.
Sentirse viva es lo mas gratificante que puede sentir una persona, con ello va la felicidad, el amor.... hizo bien, que carajo!!! escapar del ahogo.. estupendo relato Fly
fantastico relato. Volar libre como el viento eligiendo la dirección que más te guste. Lleva razón Elt, deberia haber más Lolas y más callejones, claro.
besos
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